«Cuando la Soledad duele»

«Cuando la Soledad duele»

-Psicóloga en Torrejón de Ardoz. Tratamiento personalizado de heridas emocionales, soledad dolorosa y depresión-

No siempre tenemos en el lenguaje, o al menos en la lengua con la que nos comunicamos, conceptos que describan ciertas sensaciones emocionales, especialmente las que conllevan un grado mayor de sufrimiento psíquico.

Parafraseando a la escuela francesa de psicoanálisis, el significado es el desfiladero del significante, es decir, gran parte de lo que queremos expresar, se queda colgando o en el aire, perdiendo el verdadero sentido subjetivo de quien emite el mensaje, y no digamos de quien lo recibe.

Esto sucede con la palabra “Soledad”; ¿cuántas veces al día la escuchamos, sobre todo en el contexto clínico de la consulta? Ahora bien, ¿estamos comunicando “soledad” o estamos intentando comunicar algo más?

La Soledad como tal, puede aburrir, si no se tienen suficientes recursos en la relación con uno mismo; puede molestar, cuando lo que a uno le gusta es estar rodeado de gente y puede causar otras sensaciones, pero en ningún caso duele de manera angustiosa.

Cuando esto es así, os puedo asegurar que estamos hablando de otra cosa, quizá no se haya aún inventado un concepto para ello, así que voy a tratar de describirlo. De momento lo llamaré “No Haber Sido Deseado por un Otro”, se me antoja, “NoSerDeseO”.

Por qué, para qué, cómo llegamos a este mundo. La sociedad cultural occidental nos dice que las madres y los padres quieren a sus hijos, y que cuando un bebé viene al mundo, es lo más bonito que a uno le puede pasar. ¿Mito o realidad?

Pues lamentablemente para el Ser que nace, hay infinitas opciones. Cuando un individuo llega al mundo sin ser Deseado, inevitablemente, las condiciones afectivas y emocionales en las que se desarrolla tienen unas características que provocarán síntomas de esta “Soledad que Duele”.

Atención, antes de que nadie se eche las manos a la cabeza, no estoy diciendo que esos padres no quieran a sus hijos, estoy describiendo otra cosa.

La energía que mueve la vida, es la energía universal, el Amor. Cuando un Ser es concebido sin esa energía, sin ese foco puesto desde el Deseo en su existencia, llega a este mundo con una carencia, le falta esa dosis de energía, y va configurándose en su desarrollo con una sensación de no pertenencia, de “soledad”, de vacío, de carencia, de “siempre me falta algo”, de no existencia, de dolor, de angustia, de días grises y de pérdida del sentido de la vida.

Esto podrían ser síntomas de depresión, pero no todas las depresiones clínicas tienen este ingrediente, y no todas las personas que nacemos con/en estas condiciones desarrollamos una depresión.

Sin la energía del Amor de nuestros progenitores, hemos sido concebidos desde la falta y portamos desde el inicio de nuestra existencia, la Herida de Rechazo de una manera muy aguda.

Ahora bien, ¿qué es eso que nos duele sobremanera y que nombramos como “Soledad”?

Desde el psicoanálisis relacional moderno y las neurociencias, son muchos los estudios ya demostrados desde hace décadas, los que indican que, para un desarrollo psico-afectivo saludable, necesitamos existir – para y en – la mente de un Otro, necesitamos que ese Otro esté conectado emocionalmente con nosotros desde nuestro nacimiento (incluso antes).

El bebé que nace, necesita estar en la mente de su madre (o su figura significativa, padre, cuidador, etc.), necesita que mamá esté ilusionada con su concepción, con su llegada, con su existencia.

Esa ilusión de mamá, ese Deseo por la vida del bebé, será condición para que exista esa conexión emocional, la cual es vital para que el nuevo ser se sienta “sujetado” en este mundo, sostenido, seguro, perteneciente a algo, a una estructura, a alguien, al mundo, y esto es lo que le permitirá no perder el sentido de su vida (vitalidad es lo contrario de que depresión).

Si las condiciones afectivas son los suficientemente buenas para crecer nutrido, y el vínculo de apego se desarrolla en el entorno de esa conexión emocional, como individuos iremos interiorizando esa ilusión de mamá por nuestra existencia, de manera que quede introyectado dentro de uno mismo, del modo: “yo conmigo, dentro de mí, tengo la ilusión, el deseo por mi vida y mis proyectos, siento que pertenezco a mi mundo, en el cual me apoyo para seguir mi camino”.

¿Y si esto no ha sido así? Sabemos que muchísimos individuos venimos al mundo sin ser objeto de deseo de nuestras madres y/o padres, y aquí estamos, haciendo la vida como podemos y como aprendemos. A mi me gusta llamarnos, “supervivientes emocionales”.

Hay muchos caminos, cada uno deberá elegir el suyo, y como adultos es nuestra responsabilidad. No nos ayuda quedarnos anclados en culpar a los padres, no. Ellos portaban sus propias heridas, e hicieron lo que pudieron.

Habrá quién busque compulsivamente Ser el Deseo de un Otro, colocarse en ese lugar que le proporcione esa sensación de sostén, de pertenencia, de una falsa “no soledad”. Pero será un intento fallido, ya que buscar llenarse uno mismo de algo externo, simplemente no es posible.

En este sentido podríamos hablar de las personalidades histriónicas (histéricas se diría antes en la clínica psicoanalítica). Son las vidas colgadas por completo en las redes sociales con “likes” como sostén, personas que siempre enganchan una pareja con otra, los y las “salvadores/as” codependientes de ser necesitados y deseados, y demás personalidades en búsqueda de esa energía vital y ese deseo, desde fuera, desde la mirada del otro desde esa “mamá deseante” de ilusión por su existencia, que no tuvieron.

Por desgracia, esto nunca, jamás, calmará esa Soledad que Duele, esa Herida abierta y profunda de Rechazo, esa sensación de no pertenencia, de vacío, de falta de sentido de la vida.

Llega la hora de aceptar, que algunos portamos esa carencia afectiva, y que esto nos va a doler siempre. ¿Cuál es la alternativa? ¿Cómo puedo ir atrás y vivir algo que no fue? No puedo. Hay que hacer ese duelo. Habrá días grises, donde uno se pregunte, ¿para qué estoy aquí?, y solo se pueda esperar a que la noche se haga día, porque eso es una gran ventaja de los procesos psíquicos, siempre un estado pasa a otro.

Entonces, ¿está todo perdido? ¿No puedo curar este dolor que creía Soledad? ¿Me puede ayudar entonces hacer psicoterapia?

¡Por supuesto que sí!

Aquí está el trabajo más duro, pero el único camino a seguir para resetear y sanar esta herida.

Voy a describir los puntos que, a mi parecer, son los más relevantes para conseguir el mayor bienestar posible y lo que trabajo en mi y con mis pacientes:

  1. Tomar conciencia. Necesitamos saber qué es lo que nos duele realmente, superar el concepto de “Soledad” e identificar nuestra Herida de Rechazo.
  • Desapegarnos del rol de víctima es fundamental, aun entendiendo y empatizando con este sufrimiento, dejar de victimizarnos no deslegitima el dolor, pero si nos coloca en una posición con nosotros mismos en la que podemos empezar a caminar desde el inicio otro camino, el del Amor y no el del miedo, aquél camino que no nos fue enseñado.
  • Despertar el Deseo en uno mismo (Self). Este es un punto de inflexión donde, en mi experiencia, se quedan por el camino muchas personas, bien por miedos racionalizados (que no, racionales), bien por falta de apoyo o falta de recursos. Aquí es cuando os invito a acudir a psicoterapia, porque ese sostén inicial que uno no tuvo, lo consigue el vínculo terapéutico, la ilusión real y sincera de la mente de tu terapeuta hacia todo que eres, es el mejor recurso para sentirte en esa conexión emocional que mamá o papá no pudieron ofrecerte.

Por este y por muchos otros motivos, la autoayuda y la autosanación, por muy de moda que estén, y por muy bien que se vendan en las redes sociales, no existen; dan pistas, eso sí.

Pero esa “soledad que duele, que no es soledad”, solo es posible repararla en el contexto y la conexión de la relación con un otro significativo (y con formación y herramientas terapéuticas, por eso tal vez, apuntarse a yoga y llevarse bien con el profesor, no son suficientes, o tomarse cervezas con un amigo, tampoco, aunque este es otro post. Ahora bien, si te hace ilusión, hazlo).

  • Una vez que el Deseo esté despierto hay que instaurarlo, hay que buscar proyectos, metas, hobbies, cualquier cosa que nos haga sentir ilusión y que tenga un sentido para nosotros, repito, PARA UNO MISMO.

Aquí de nuevo la psicoterapia es de gran ayuda, porque el problema de haber estado “colocado” o posicionado en ocupar el lugar del Deseo del Otro, habitualmente somete al individuo a un gran desconocimiento de Sí Mismo. Toca experimentar, descubrirse y aceptar limitaciones, para aprender todo aquello que uno siente que le falta para sentirse seguro en el mundo, y así poder explorar.

En esta fase, es muy fácil caer en la búsqueda de aprobación, en la necesidad de “likes”, en el “solo es que me da pereza”, etc. Pero recuerda, es Tu ilusión, no la del Otro, si tienes que prescindir de las redes sociales para no boicotearte, no serás ni el primero ni el último, y aprenderás que tu vida tenga un sentido para ti, y para que esa especie de “soledad” no duela de esa manera.

  • En esta etapa, el universo te va a poner en múltiples situaciones para que practiques ese Amor hacia ti, coloques en ti esa energía que te sostenga, que hará que te acompañe siempre en esa especie de soledad que no es soledad.

Cuando llegan los días grises, la pérdida de sentido de la propia vida, el vacío, la desgana, solemos reaccionar con un mecanismo de defensa, que tradicionalmente nos ha “ayudado” a no sentir la angustia del rechazo, pero que, llegados a este punto de dar legitimidad, sostén e ilusión a nuestra vida, solo nos hace sufrir más. Es la Evitación o la Huida.

Evito cuando no acudo a un lugar donde temo sentirme rechazada, por miedo a que me juzguen, a que me ridiculicen, a que no me valoren, porque eso duele si estamos heridos de rechazo. También huyo de relaciones en las que, características de la otra persona, me hace sentir mal.

Ahora bien, y lo más importante en el tema que nos ocupa. Cuando tengo una meta, emprendo un proyecto, elijo una actividad, empiezo una relación personal con alguien, de pareja o amistad, y vienen días grises, que me suman en tristeza, desilusión y vacío, puedo hacer dos cosas:

  • RECHAZARME, huyendo o evitando, dejando-me a medias, faltando al compromiso conmigo, no dándome existencia en la relación conmigo y con los demás, dejando que se apague mi propio deseo, no agarrándome a mi vida, no siendo protagonista de la misma, no estando conectada conmigo y olvidando lo mío, anestesiándome con Netflix o entrando en el rol de víctima regocijándome en el dolor y dañándome más
  •  O puedo ACEPTARME y valorar todo lo que tengo en mi vida, que con mucho esfuerzo he conseguido, observarlo con el afecto (el que sea, tristeza, rabia, alegría…), conectarme emocionalmente conmigo, repasar qué me aportan mis relaciones, qué sentido tienen para mí mis proyectos, cómo disfruto con mis actividades. Tratar de crear dentro de mi, a través inicialmente del vínculo terapéutico, esa «ilusión materna sostenedora de vida», para poco a poco, con esfuerzo y paciencia, poder «maternarme» a mi mismo/a, y así saber calmar el dolor de los días grises que se confunden con la soledad, y poder disfrutar en la relación contigo, de lo que es la verdadera soledad, cuanto te tienes a ti.

Quizá hoy no te haga ilusión y no tengan sentido las cosas de tu vida, y te encuentre tremendamente en “soledad”, pero mañana lo tendrán si no dejas de darles existencia, no dejan de estar tu mente, ni de ser tu propio deseo, y no el deseo de otro.

En días en los que la cicatriz de la herida pica, me nutre compartirlo y poder aportar una «estructura de acogida», desde la sensibilidad que a veces solo da el haber experimentado, evidentemente siempre con los conocimientos profesionales y técnicos que se requieren para ello. Este sería un 6º punto, hacer del dolor una sublimación (mecanismo adaptativo de defensa), pero lo dejo para otro post. Este es mi proyecto y mi sostén, o al menos, uno de muchos.

Ocúpate de Ser, tu propio Deseo.

Miriam Benhamu del Cura

Psicóloga en Torrejón de Ardoz

https://mbcpsicologia.es/curriculum/