“Quiero tener una buena relación de pareja”

La tendencia básica e innata del ser humano, es la tendencia al vínculo y al apego. Nace de una relación de fusión y de dependencia con la madre, desde la que tendemos a crecer e individualizarnos a través de un proceso evolutivo y de desarrollo psicológico, pero siempre teniendo como premisa básica el vínculo con los demás. Por eso de una u otra forma, esta tendencia a una relación con vínculo afectivo se mantiene a lo largo de toda la vida.

Desde este punto de partida todas las personas, en algún momento de su ciclo vital, buscan una relación de pareja ya sea breve, inestable o prolongada en el tiempo y estable, o una combinación de estas variables. Tal vez es este el inicio psicológico de las relaciones de pareja, sin dejar de tener en cuenta los otros factores socioculturales, económicos, etc., que intervienen en la creación de la misma.

Actualmente, el marco legal y social ejerce menos influencia en el mantenimiento de la pareja que en décadas anteriores, y por tanto esta necesita apoyarse mas en su evolución afectiva para perpetuarse, es decir, en un diálogo auténtico en los planos verbal, afectivo y sexual; lo cual hace que la pareja se sienta muy exigida por el otro miembro, donde el compañero tiene que ser fuente de gratificación de muchas necesidades.

Por otro lado, la pareja se entiende como un lugar donde se descansa, se obtiene placer, lugar de protección y seguridad laborales y sociales de la vida cotidiana. No es de extrañar que en este marco también se manifiesten más intensamente las necesidades insatisfechas de los compañeros.

Debido a esto, en parte, hay en el mundo occidental actual tan alto índice de separaciones, llegando en algunos países a una tasa de más del 50 % de divorcio.

En muchas de las parejas que permanecen unidas, vemos continuas luchas cotidianas acerca de temas triviales, que sin embargo para ellos tienen un enorme valor simbólico, donde se ponen en juego temas como el poder, la culpa, la dependencia, la dominación, entre otros. A la vez, observamos que son personas que en otras áreas de su vida funcionan de forma adecuada y satisfactoria para sí mismos y los que les rodean. Esto es debido a que en la pareja esperamos encontrar la satisfacción de muchos deseos, que no podemos ni esperamos satisfacer en otras áreas de nuestra vida.

Sólo por citar alguna de las consecuencias perjudiciales de los conflictos de pareja, señalaremos la elevada relación entre estos y los cuadros depresivos, siendo los problemas conyugales, una de las causas más frecuentes de depresión.

Mas dramático aún, son las secuelas que los conflictos entre los padres pueden ocasionan en el desarrollo psicológico de los hijos, donde el abordaje terapéutico adecuado para muchos síntomas en los niños, es la terapia de pareja de los padres.

Como terapeutas vemos en la consulta que, paradójicamente muchas parejas se mantienen unidas a través del conflicto y la discusión, como si de alguna manera inconsciente temiesen que si desaparece el enfrentamiento, desaparece la relación.

La mayoría de los individuos buscamos, sin darnos cuenta, en la relación, curar heridas afectivas de nuestro pasado infantil, además de la satisfacción de otras necesidades más inmediatas, a nivel social, de comunicación, sexual, etc. Cuando esto no ocurre como se espera, surge la frustración que conduce a la rabia; sentimos que perdemos un ideal que conduce a la tristeza y a la culpa.

La relación de pareja nos enfrenta con el dilema entre la dependencia y la independencia, el equilibrio entre la autonomía y lo común, que se manifiesta por un lado como miedo a la pérdida de libertad y al compromiso, y por otro, como un deseo de intimidad y entrega; esto crea incertidumbre y riqueza, parálisis y creatividad, manifestaciones de amor y odio, ambivalencia de sentimientos, proximidad y distancia. Se trataría tal vez, no solo de la propia realización en la pareja sino también de la propia realización como pareja.

Lograr una relación de intimidad puede ser uno de los mayores gozos y a la vez uno de los mayores fuentes de dolor del ser humano. La relación de pareja, desde el amor, se inicia llena de esperanzas: sentimientos compartidos, aceptación mutual, el sueño de una pasión profunda, de un vínculo duradero… Pero con frecuencia, las esperanzas chocan con las realidades del amor: la rabia separa, las necesidades no coinciden, los juicios marcan la aceptación y la soledad invade la vida en compañía.

Los conflictos en la pareja se pueden prevenir, no nacemos conociendo las dinámicas que influyen en una relación. Pero sí podemos trabajar en aprender cómo evoluciona una pareja, desde qué motivaciones conscientes en inconscientes hacemos la elección de pareja, las fases y crisis inherentes a toda relación, principios generales básicos para un adecuado funcionamiento, y cómo resolver los conflictos más frecuentes.

Solo hay que querer, amar y amarse. Te lo voy a contar en el Taller de Prevención de Conflictos de Pareja, próximamente…

 

Miriam Benhamu

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